croods Fernando Saiz. 24 de marzo de 2013

 

 

¿'Margin call'? ¿'Inside job'? ¿'Too big to fail'? ¿'Up in the air'? ¿'Le capital'? Qué va, qué va. La película que deberían ver todos los que estén interesados en la crisis (sobre todo políticos, empresarios, trabajadores y sus correspondientes epígonos) se llama 'The Croods', es de dibujos animados y cuenta la historia de una familia de simpáticos cavernícolas. 

'The Croods' no es, en puridad, una película sobre la crisis económica. No hay recortes ni objetivos de déficit ni primas de riesgo ni bancos ni hipotecas, aunque sí podemos ver un caso de desahucio de una cueva, cuando un terremoto desaloja sin orden judicial a los protagonistas. Algunas mentes calenturientas podrán incluso advertir una remota similitud entre cierta clase de banqueros y una bandada de pájaros carnivoros, que se abate sobre un mamut y se lo zampa en segundos.Pero al margen de esas coincidencias, la historia es una buena disección de cómo las crisis afectan a las organizaciones y a la forma de pensar de cada uno de sus miembros.

'The Croods' va de una familia de hombres primitivos que se han pasado la vida en una cueva para evitar la asechanzas que le rodean y que se ve obligada a emprender un largo viaje. El líder es Grug, el sobreprotector padre, un auténtico neandertal de arcos superciliares bien pronunciados y más bruto que un arao, pero buena gente al cabo. El contrapunto lo pone la rebelde Eep, una adolescente pelirroja que tiene piernas de luchador de grecorromana. Además de algunas secuencias de acción magníficas (la salida de la familia a desayunar es de lo mejor que he visto en cine en los últimos meses) lo que nos propone 'The Croods' es un combate entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que muere y lo que nace, entre el pasado y el futuro. El planteamiento, por supuesto, no es nuevo. Muchas otras películas y obras literarias se han ocupado de este tema. Pero 'The Croods' lo desarrolla con chispa y buen ritmo.

Una de las escenas más representativas de la película es cuando Eep vuelve de una de sus excursiones prohibidas y grita excitada:

- ¡He visto una cosa nueva! 

 -¿Una cosa nueva?, exclaman con horror el resto de los miembros de la familia, y todos se ponen en círculo en posición defensiva, cada uno pertrechado con un buen pedrusco.

La dura realidad del Jurásico Superior, cuando se separaron los continentes y se montó un buen cisco en la Tierra (aunque no parece que los humanos anduvieran por allí), obliga a los pobres cavernícolas, incluido el desconcertado Grug, a abrir sus mentes y despojarlas de prejuicios. Al cambio de ideas contribuye la inexplicada aparición de un jovenzuelo llamado Chico, un cromagnon que está mucho más evolucionado que sus nuevos amigos, lo cual no le impide enamorarse de la pizpireta Eep.  La cosa, por supuesto, acaba bien. Grugs se redime, todos abrazan el nuevo mundo y colorín colorado. 

Que digo yo: ¿no habrá alguien en este país que se dé por aludido? Porque aquí no se están separando los continentes, pero poco le falta, y sin embargo no observo propósito de renovación ni espíritu de cambio en nuestros dirigentes. No es por señalar pero tenemos muchos Grugs en el Gobierno, en los ayuntamientos, en los partidos, en los sindicatos, en las patronales, en las empresas del Ibex, en los periódicos, en las editoriales, en los clubes de fútbol, entre los jueces... Gente cansina que lleva toda su vida haciendo lo mismo y que no se ha dado cuenta de que el mundo ha cambiado. Gente obtusa que tapona el progreso, que frena la innovación, que arquea las cejas cuando alguien se sale del carril. Y así nos va.

  "Las mentes son como los paracaídas; funcionan mejor cuando están abiertas" (Lord Thomas Dewar)

warren_buffett Fernando Saiz. 3 de marzo de 2013.

Warren Buffet, el inversor más famoso del mundo, acaba de publicar su también famosa carta anual a los accionistas de Berkshire Hathaway, la empresa que gestiona sus inversiones, entre las que se encuentran gigantes tan conocidos como Coca Cola, IBM o American Express. La carta hace la número 36 de la serie (empezó a escribirlas en 1977) y como casi todas ellas es un prodigio de claridad, humildad, humor y sabiduría.

Si alguien me pidiera un único consejo para escribir bien en las empresas, no se me ocurrriría nada mejor que recomendarle la lectura de las cartas al accionista de Buffet. La de este año, que corresponde al ejercicio de 2012, incluye algunos pasajes deliciosos. El texto es largo (tiene 24 folios bien cumpliditos; en eso no es un modelo de buena literatura corporativa) y está lleno de reflexiones interesantes, pero me llama especialmente la atención por dos cosas:

  • Su profundo sentido de la autocrítica. En contraste con el lenguaje presuntuoso y arrogante habitual entre las grandes corporaciones, Buffet se da de cabeza contra la pared porque su compañía, que consiguió el año pasado aumentar su beneficio un apetitoso 14,4%, no pudo mejorar el incremento de la rentabilidad del índice S&P 500, que llegó al 16%. En otro momento, Buffet aplaude la tesis defendida por su socio Charlie Monger de que "es mucho mejor comprar una empresa maravillosa a un precio adecuado que una empresa adecuada a un precio maravilloso", y a continuación añade: "A pesar de la lógica de esta idea, yo algunas veces vuelvo a mi vieja costumbre de buscar gangas, con resultados que van desde lo tolerable a lo terrible". El que escribe es el cuarto tipo más rico del mundo y uno de las inversores más agudos de la historia.

 

  • Su explicación de por qué ha comprado 28 periódicos en los últimos quince meses. Buffet sabe que muchos le han tachado de loco al apostar por una industria que está en peligro de extinción.Uno de sus argumentos es tan inesperado como sencillo de entender: porque le da le gana. Le gustan los periódicos y punto, aunque también dice que solo compra los que cree que tienen un potencial de negocio y advierte que no está dispuesto a asumir pérdidas indefinidas con ninguno de ellos.  Su segunda justificación está más en línea con lo que cabe esperar de alguien como él. Buffet piensa que los periódicos locales de calidad y que desarrollen un política apropiada en Internet pueden ser rentables. En casi tres folios, hace un análisis apasionado de la viabilidad de los productos informativos y su conclusión trae un soplo de aire fresco de esperanza al viejo oficio de hacer periódicos. También les dedica un párrafo a los que piensan que esa estrategia tiene un trasfondo ideológico o responde a intereses políticos. "Yo voté a Obama, mientras que de los doce periódicos de mi grupo que se pronunciaron sobre los candidatos, diez optaron por Romney", dice.

 

Todo esto y mucho más se puede encontrar aquí. Pasen, diviértanse y aprendan. Pero tengan cuidado, que crea adicción.

Post Scriptum. Buffet elogia a todos los gestores de las empresas en que invierte, pero se le hace el culo coca-cola (perdón por el chiste facilón) cuando habla de su gente, ese grupo de personas que trabajan con él en la sede corporativa de Berkshire, en Omaha, y que le ayudan a gestionar su imperio inversor. Sus tareas, dice en la carta, van desde atender las complejas exigencias regulatorias de la SEC hasta llevarle de vez en cuando una hamburguesa a su despacho. Por increíble que parezca en una empresa con una cartera de inversiones de cerca de 90.000 millones de dólares, ese grupo de colaboradores está formado por solo 23 personas. Pardiez, eso se llama productividad.

La cita. "Nunca pruebes lo profundo que es un río con los dos pies" (Warren Buffet)

 

rey 2

Fernando Saiz. 4 de enero de 2013.

Acabo de ver la entrevista de Jesús Hermida al rey Juan Carlos en TVE-1. La primera en doce años. Quizás, la última de su reinado. En caliente, lo que me deja son muchas preguntas y algunas respuestas inconvenientes:

¿Quién es el responsable de la puesta en escena? La escenografía de la entrevista es desafortunada. Las sillas donde se sientan el rey y Hermida parecen sacadas de un anuncio de muebles de oficina baratos (¿no había en Zarzuela alguna butaquita discreta y mona para dar un aspecto más relajado a la conversación?) y el escritorio que asoma al fondo es más antiguo que una moto con sidecar (¿de verdad el monarca no usa ni un mal ordenador ni una tableta ni ningún gadget electrónico?). El juego de cámaras no es que sea sobrio, es que es franciscano, y el contraste entre la imagen hinchada del rey (¿será la cortisona?) y el rostro tallado a cuchillo de Hermida crea en el espectador un desasosiego que no se disipa durante toda la entrevista.

¿Por qué se aviene Hermida a esta componenda? Supongo que no es fácil hacerle una entrevista al rey. Zarzuela impone condicionantes, limitaciones y renuncias. El periodista no hace lo que quiere ni lo que puede sino lo que le dejan. Pero el discurso cortesano, blando y clorofórmico de Hermida desborda los límites de lo profesionalmente tolerable. Nadie esperaba preguntas punzantes, pero sí un cierto grado de distanciamiento, o en el peor de los casos un tono cómplice que permitiera descubrir en el monarca algunos matices de su personalidad. Ni una cosa ni otra. El juego de lo mejor y lo peor que ronda toda la entrevista (las satisfacciones y la insatisfacciones, lo que más le duele y lo que más le enorgullece, lo que se ha hecho y lo que queda por hacer...)  es cansino e impropio de una leyenda del periodismo como Hermida. Incluso su elección como entrevistador es discutible. ¿No hubiera aportado mucho más un periodista joven como contrapunto a la oleada de testimonios setentones que siguieron a la entrevista?

¿No hay nadie que le construya al rey un discurso enérgico de confianza? Ya sé que la entrevista estaba concebida para festejar el 75º cumpleaños del rey y hacer un balance de su reinado, pero uno, en su ingenuidad, esperaba que don Juan Carlos enviara a todos los españoles un mensaje enérgico de optimismo y esperanza. Lo que se llamaba antes levantar la moral de la tropa, que buena falta nos hace. Pues no. Salvo la diluida apelación final al juntos podemos, que más parecía un apolillado homenaje al marketing de Obama, apenas hubo referencias de liderazgo y se echó en falta una discurso sólido y coherente sobre la capacidad de España para afrontar situaciones difíciles.

Post Scriptum. Entrevista fallida, oportunidad perdida. Ya sé que a mucha gente, sobre todo de los cincuenta pabajo, le importa un rábano lo que diga el rey o en su defecto le espanta. Les entiendo. Pero a los que les pilló el 23-F con un fusil en la mano hay cosas que no se les olvidan.

 



obama reelegido

Fernando Saiz. 7 de noviembre de 2012.

Barack Obama ha sido reelegido hace unas horas presidente de Estados Unidos. En su primera aparición pública tras la victoria, Obama ha pronunciado en Chicago un discurso casi impecable desde el punto de vista de la comunicación. Este es una análisis apresurado de su intervención.

Espléndido en la forma. Obama es una gran orador y lo ha vuelto a demostrar. Sobrio y convincente, domina el escenario con autoridad. Expresión precisa, movimientos exactos. Ni un gesto de más, ni un carraspeo ni una vacilación. Quizás su único defecto es que se desenvuelve con demasiada perfección, lo cual resta naturalidad a sus palabras. Su discurso ha durado 20 minutos y 30 segundos, justo por debajo de los 21 minutos que según los expertos es el tiempo máximo que se puede mantener la atención de un auditorio.

Concreto en el contenido. El presidente reelegido lanza un mensaje de esperanza ("... dentro de nuestros corazones sabemos que para los Estados Unidos de América lo mejor está por llegar) basado en lo aprendido durante su anterior mandato: "Nos habéis escogido para que nos concentremos en vuestros empleos, no en los nuestros". La dura experiencia de convivencia con la mayoría republicana en la Cámara de Representantes también inspira su insistente llamamiento al consenso y a intentar arreglar todos juntos los problemas del país.   

Historias con impacto. Obama hace un breve recorrido por su mandato evocando algunas historias de la gente (los empresarios familiares que se reducen sus sueldos antes que despedir a sus empleados, los soldados que subieron a oscuras las escaleras en el asalto al escondite de Osama Bin Laden, los que colaboraron contra el huracán Sandy...) y se detiene especialmente en el caso de una niña de ocho años que pudo curar su leucemia porque la reforma sanitaria entró en vigor antes que expirara la cobertura de su póliza de seguro médico. Con esos recursos narrativos, el discurso es inolvidable para la gente de la calle. 

El casi. La pega que hay que ponerle al discurso es que es muy parecido al que pronunció en 2008 tras ser elegido presidente por primera vez, también en Chicago. Tiene la misma estructura y pasajes en ocasiones idénticos. Sus agradecimientos son para los mismos (cambiando McCain por Romney, sus rivales de entonces y de ahora), su apelación al triunfo del pueblo es calcada a la de hace cuatro años y repite también, casi palabra por palabra, una de las frases que más éxito cosechó en su intervención de 2008, cuando afirma que en Estados Unidos no importa de dónde vienes ni qué eres: "No importa si eres negro o blanco, hispano, asiático o nativo americano; joven o viejo; rico o pobre; discapacitado o no discapacitado; gay o heterosexual; puedes vivir en América si estás dispuesto a intentarlo".

Post Scriptum. Los discursos de hace cuatro años y de ahora son similares, pero la reacción del público sí que es diferente. En 2008, algunos de los pasajes del discurso humedecían los ojos de la gente. En 2012, hay entusiasmo ante las palabras de Obama pero no emoción. Entre medias, cuatro años de gobierno y algunas decepciones.

 

 

 

sorry en el cielo 
Fernando Saiz. 31 de octubre de 2012.
 
El pasado 29 de julio entré en una tienda de Worten de Majadahonda (Madrid) para comprar un navegador para el coche. En la puerta anunciaban un rebaja del 23% en todos los productos. Tras un buen rato hablando con el vendedor y viendo distintos navegadores, me decidí por un modelo y confirmé con el chico que me atendió que estaba rebajado. Cuando fui a pagar me dijeron que no, que ese producto estaba excluido de la promoción porque aparecía en un folleto de excepciones que nadie me había enseñado y que el propio vendedor desconocía. Cancelé la compra y presenté en el departamento correspondiente una queja en la que explicaba con detalle lo sucedido. 
  
Con fecha 9 de agosto, recibí la siguiente carta:
 
"Estimado Cliente:
  
Agradecemos el envío de su información presentada en nuestro centro Worten de Equinoccio Majadahonda y aprovechamos para saludarle.
  
Lamentamos no haber podido contactar con usted telefónicamente, al no habernos dejado un teléfono de contacto en su escrito, no nos ha sido posible. En caso que quiera que contactemos telefónicamente con usted para así ampliarnos la información, puede hacernos llegar su número de teléfono a través de los medios indicados en el pie de página y aludiendo al número de referencia arriba indicado.
  
La única forma de saber si nuestros clientes están satisfechos es a través de la información que estos nos facilitan, siendo así la misma de gran valía.
  
Quedamos a la espera, si lo desea, de que contacte con nosotros por alguno de estos medios para que nos pueda ampliar la información facilitada por su parte.
  
Reciba un cordial saludo.
  
Fdo.: Zaida Caballero Gómez
Departamento de Reclamaciones y Sugerencias
Worten España Distribución, S.L."
 
Hace unas semanas, se conoció un incidente registrado en un cine de Wimbledon, el conocido barrio del suroeste de Londres (gracias a Luis Miguel Díaz-Meco por la alerta). Una clienta, de nombre Ann, se marchó en mitad de la película tras presenciar un pelea dentro del cine entre varios espectadores. Ann envió un email de queja a la empresa propietaria de la sala e inmediatamente recibió la siguiente contestación:
"Querida Ann,
Le escribo con relación a su visita el Wimbledon Curzon del sábado por la noche.Las palabras no pueden expresar cómo de triste y estremecedor fue leer el informe de lo que sucedió.
Pido perdón sinceramente por lo sucedido, debe haber sido aterrador haber presenciado esto, estoy encantado de que se encuentre bien. 
Me he unido recientemente al grupo sabiendo que los cines Curzon están por encima de la experiencia normal de un multicine y después de investigar le puedo confirmar que es la primera vez que ha ocurrido algo así en nuestros cines y espero sinceramente que será la última vez que ocurra.
Dicho eso, solo podemos aprender de esto y puedo asegurarle que hemos llevado a cabo una exhaustiva investigación y que nuestros empleados estarán más alerta ante posibles alborotadores en el futuro.  
 
No hace falta decir que le reembolsaremos el dinero de su entrada, si es que no le hemos hecho ya, y por supuesto nos gustaría que volviera a visitarnos, y si desea volver a visitar cualquiera de nuestros cines le ruego que contacte conmigo personalmente para que pueda organizarlo. He puesto en copia a nuestro gerente de Wimbledon para que se ponga a su servicio en caso de que necesite ayuda adicional.  
 
De nuevo, Ann, le pido sinceramente perdón por haber tenido que presenciar esto.
 
Con los mejores deseos,
 
Nigel Stowe
 
Director de Operaciones de Curzon"
 
Las respuestas de las empresas a las quejas de estos clientes se parecen en una cosa: están bastante mal escritas las dos. Sin embargo, se distinguen en muchas otras. No hay que ser un experto en pruebas de agudeza visual para establecer tres diferencias clave en la forma de tratar al cliente enfadado:
  
  1. El directivo del cine pide perdón, por dos veces, a su clienta. La empleada de Worten no pide disculpas en ningún momento. Al contrario, su carta contiene una implícita crítica al cliente por no haber dejado su número de teléfono.
  2. El directivo del cine se expresa con humildad, humanidad (llama dos veces a la clienta por su nombre) y naturalidad. La empleada de Worten utiliza expresiones neutras y formulismos burocráticos ("aludiendo al número de referencia arriba indicado").
  3. El directivo del cine ofrece soluciones concretas para compensar a la clienta y pone a su servicio al gerente de la sala donde ocurrió el incidente. La empleada de Worten no ofrece nada. Solo pide que el cliente, "si lo desea", aporte su número de teléfono para ampliar una información que aparecía detallada en el escrito de reclamación.

Post Scriptum. ¿Volverá la clienta del cine a una sala de Curzon? ¿Volverá el cliente de Worten a uno de sus establecimientos?

 
Fernando Saiz. 5 de octubre de 2012

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