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Fernando Saiz. 24 de mayo de 2011

 

Restaurante La Canela. c/ Majalhorno, s/n Piedralaves (Ávila).

Factura para seis, con cervezas, refrescos y vino: 120,30.

Precios. Menú selección (crema de patata con seta china, salmón o ternera teriyaki o tarta vegetariana, guarnición variada de verduras y tarta de plátano o chocolate o grosella), 15,00. Menú desgustación (una docena de platos, según mercado), 27,00. Alcorta crianza, 15,00. Agua sin gas, 2,00. Café, 1,50.

Puntuación comida: 7,00. Puntuación precio: 7,50. Relación comida/precio: 7,25.

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Posada_de_San_Jos

Fernando Saiz. 6 de mayo de 2011

Restaurante Posada de San José. Julián Romero, 4 (Cuenca). 

  
Factura para ocho, con vino, cervezas y refrescos: 194,90.
 
Precios. Gazpacho pastor,  6,50. Zarajo, 3,80. Judías con perdiz, 7,50. Croquetas de boletus, 6,00. Brocheta de langostinos, 8,00. Chuletas de lechal, 13,50. Lomo de orza, 9,75. Conejo, 11,00.
 
Puntuación comida: 6,25. Puntuación precio: 7,25. Relación comida/precio: 6,75.
 
La Posada de San José no es un sitio conocido por su comida. El espléndido exconvento, enclavado en lo alto de la Hoz del Huécar, es desde hace muchos años un icono de la ciudad de Cuenca, y su prestigio como alojamiento de calidad y buen precio desborda cualquier otra apreciación.  Pero su restaurante no debería pasar inadvertido. Aunque se publicita como un sitio de tapas (y en gran medida lo es), aquí se puede comer bien a un precio más que razonable.
 
Además, el restaurante se beneficia de las maravillas arquitectónicas y panorámicas del edificio de la Posada, y es posible almorzar o cenar con unas extraordinarias vistas a la hoz (enfrente, el Parador y el Puente de San Pablo; arriba, el Cerro del Socorro; abajo, las huertas que flanquean el Huécar) que ya de por sí justifican la visita. La atmósfera del lugar, impregnada de referencias artísticas, también ayuda a la celebración gastronómica. Obras de Saura, Gordillo, Guerrero y Bonifacio, entre otros artistas de la vanguardia relacionados con la escuela de Cuenca, decoran las paredes del restaurante, en aparente paradoja con la reciedumbre clásica de los platos que allí se sirven.
 
Lo que se come, efectivamente, son platos de la tierra sabrosos y correctamente cocinados. Hay morteruelo, gazpacho pastor, morcilla y zarajos; cordero y lomo de orza; algún plato de cuchara siempre cae. Todo bueno, o casi. A las judías con perdiz les falta un poco de sustancia, el gazpacho pastor no les sale redondo y el lomo está un pelín hecho de más. Pero en conjunto la comida es apreciable, sobre todo cuando se pone en combinación con un factura benévola que demuestra que aquí se puede comer perfectamente por vientitantos euros per capita, vino incluido. Incluso para Cuenca, que evidentemente propende menos a la puñalada que Madrid, es barato.
 
El servicio también es bueno, aunque hay que cogerle el truquillo. Al principio puede parecer seco, pero es solo la impresión inicial, que desaparece cuando se comprueba que es diligente y colaborador. Incluso en un día tan complicado para un restaurante de Cuenca como el Sábado Santo, con la ciudad atestada de turistas que abarrotan todos los sitios de comidas medianamente dignos, la secuencia y velocidad en el servicio fue correcta, y en dos horas estábamos ya tomando unos chupitos por cortesía de la casa.
 
Si la gastronomía más que comida es experiencia, en la Posada es de lo más grata. Cuesta llegar (está en una calleja de espaldas a la calle de San Pedro), pero uno sale de allí con la retina reconfortada, con el cerebro lleno de sensaciones, con el estómago conforme y con el bolsillo casi ileso. 
 
 

Hamburguesa_Home_Burger_Bar

Fernando Saiz.

Restaurante Home Burger Bar. San Marcos, 26 (Madrid). 
  
Factura para cuatro, con cervezas y refrescos: 86,60.
 
Precios. Aros de cebolla, 9,25. Samosas, 9. Hamburguesa clásica con queso, 11,25. Hamburguesa de langostinos, 13,50. Hamburguesa Caprese, 13,50. Brownie,5.
 
Puntuación comida: 5,50. Puntuación precio: 5. Relación comida/precio: 5,25.
 
No soy aficionado a las hamburguesas. La identificación con comida basura es demasiado obvia para mí. Pero habiendo niños por medio, hay que aprender a navegar por el proceloso mundo de las hamburgueserías e incluso uno puede llegar a refinar el paladar para distinguir lo mediocre de lo decente o incluso de lo brillante. Hamburguesas brillantes, lo que se dice brillantes, no suele uno encontrar. Me viene a la memoria una que tomé hace unos años en El Caciquito, un restaurante italosuizo de la zona del Bernabéu, espléndida de color y jugosidad. Poco más.
 
Las hamburguesas de Home Burger Bar entran más bien en el escalón de decentes. Se trata de una cadena de restaurantes que tiene tres establecimientos (en Gran Vía, Chueca y Tribunal)  y algunos creen que le disputa al veterano Alfredo's el trono, siempre rentable, de hacer las mejores hamburguesas de Madrid. A mí no me lo parece. Alfredo's las sigue haciendo más sabrosas. Pero desde luego en el Home Burger Bar se come mucho más a gusto que en Alfredo's, que ha pagado su popularidad con un servicio deficiente y esperas a veces insoportables. El local de Chueca, cuya entrada está ahora dominada por un antiestético andamio,  es de verdad muy agradable. Resulta cómodo, tiene una decoración contenida y nada pintoresca, dispone de buena música ambiental y su nivel de ruido es perfectamente compatible con una conversación fluida y relajada. El servicio también es atento y rápido.
 
Y la comida alcanza un buen nivel, con unos toques indios que aportan cierta originalidad a la carta, aunque a veces sea a costa de alguna extravagancia. Los entrantes son apetitosos y en los platos principales tanto la carne como las patatas fritas y la ensalada de col llegan frescas y jugosas. Sólo las salsas de mostaza y de 'ketchup' (demasiado básicas) desentonan un poco.
 
De precios, el Home Burger anda así así. La impresión inicial es de cierta crucifixión. Por seguir la comparación con el Alfredo's, platos parecidos son un 30% más caros en el Home Burger. Pero es verdad que las raciones son muy abundantes, y solo estómagos acorazados podrán enfrentarse sin riesgo a un primero, un segundo y postre. Si se comparten primeros y alguna tarta, la broma sale por veinte o vientipocos euros por cabeza. ¿Demasiado por pasar un rato sólo agradable? Bueno, si los niños se han portado bien (y con la rapidez del servicio no hay muchos motivos para que no lo hagan, aunque eso nunca se sabe), seguramente la experiencia valdrá la pena. 

El_Chiscn_de_Castell
Restaurante El Chiscón. Castelló, 3 (Madrid)
Precios. Alubias pintas con papada, 14 euros. Faisán en escabeche, 12. Mollejas con bogavante y setas, 18, Ensalada de carpaccio de pulpo, 14. Fideuá de berberechos y langostinos con setas, 20. Bacalao ajoarriero, 18. Carrilleras de ternera, 17. Torrija-brioche con espuma de natillas, 6,50. Sorbete de naranja amarga al Jack Daniels, 6,50.
Puntuación comida: 7,50. Puntuación precio: 7. Relación comida/precio: 7,25.
El Chiscón es de esos sitios tradicionales en los que es fácil sentirse bien. Pertrechado con su sonoro nombre (chiscón es un local o un aposento pequeño) lleva treinta y tantos años dando de comer en una esquina del barrio de Salamanca de Madrid y en ese tiempo no se ha quedado quieto. Su carta está en constante renovación y su laboratorio de ideas de difusión gastronómica también bulle: lo mismo crea un certamen literario que se inventa unas jornadas para cocineros aficionados u organiza cenas especiales con música.
El ambiente, ligeramente aburguesado, y la decoración, que mezcla pinceladas francesas y toques castizos, también contribuye a la calidez del restaurante. Y dispone de una página web decente, lo cual es un detalle de agradecer. Otro día hablaremos de la incuria en tecnología de la información de muchas de nuestras casas de comidas.
Pero el punto fuerte de El Chiscón no es ni su espíritu de innovación ni su agradable local, sino su comida. Aquí se come sólido y bien. La base son especialidades españolas de amplio recorrido (las alubias pintas, las alcachofas a la cordobesa, los callos, el bacalao ajoarriero, las croquetas, la menestra, la merluza en salsa verde, los chipirones en su tinta, el Villagodio) que se ejecutan con gran equilibrio y un punto de ligereza muy contemporáneo.
Los precios también son equilibrados. La mejor relación calidad/precio es un menú al que llaman Pequeña Carta en el que puedes elegir un primer plato, un segundo y un postre (seis posibilidades en cada uno de ellos), por 26 euros IVA incluido. O sea, que si incluimos vino (la carta es bastante apañada, y se pueden tomar vinos por copas) y café la cosa sale por treinta y pocos euros por cabeza, que teniendo en cuenta la calidad, la cantidad y la diversidad de la oferta es un precio muy competitivo.
Si uno opta por la carta normal, derrapas hasta los cuarenta y cinco euros o un poco menos si te sujetas a la hora de elegir. La casa te permite pedir medias raciones en algunos platos, lo cual es también una posibilidad de ahorro, pero aquí el precio aparece gravemente penalizado (solomillo de buey, 23 euros; media ración, 16: pardiez, bonita clavada). Nunca entenderé por qué una media ración debe costar bastante más que una entera.
El Chiscón es por tanto un sitio donde se come bien a un precio razonable. Que no es paja, como dirían los clásicos.
Factura para dos, con cerveza y agua mineral, 58,00 euros.

Mui_vista_general

Fernando Saiz. 3 de marzo de 2011

 

Restaurante Mui. Ballesta, 4 (Madrid) 

Precios. Gambas al ajillo, 12 euros. Gildas, 2. Ensaladilla rusa, 7. Seis ostras, 18. Torreznos, 5. Mollejas, 9. Berenjenas, 5. Huevo duro, 1,50,  

Factura para dos, con vino por copas, 70,40 euros.

Puntuación comida: 6,5  

Puntuación precio: 5,5 

Relación comida/precio: 6,0

Me soplaron al oído que el restaurante Mui es una de las últimas sensaciones del circuito gastronómico madrileño, así que pensé: pues no es mal sitio este para estrenar un blog preocupado tanto por la buena cocina como por lo que cuesta. El Mui está en la calle Ballesta de Madrid, legendaria por dar cobijo en tiempos a numerosas casas de lenocinio (de putas, que dice mi editor que en los blogs hay que hablar claro) y últimamente escenario de un proyecto de regeneración del que lo peor es el nombre. Triball, le llaman a esa zona castiza de Madrid, evocando el Tribeca neoyorquino. Pues ahí, en pleno Triball, está el Mui, al ladito del su hermano mayor, el carísimo y excelente La Tasquita de Enfrente, con el que comparte propiedad y ciertas aspiraciones de vanguardia.  

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