el colmado Fernando Saiz.22 de octubre de 2012
Restaurante El Colmado. Juan de Urbieta, 4. Madrid
Factura para cuatro, con vino en copas y refrescos: 95,80 euros.
Precios. Longaniza, 6,50. Croquetas de plátano y queso, 9,00. Pastelón de berenjenas, 9,90. Ceviche de gambas blancas, tomate seco y maíz pelao, 11,00. Sancocho, 15,00. Chicharrón de pollo, 12,00. Locrio de costillas de cerdo ibérico con aceitunas y alcaparras, 12,00. Bizcocho tibio de chocolate, 5,00. Helado de mango, 5,00.
Puntuación comida, 7,50. Puntuación precio, 6,50. Relación comida/precio, 7,00.
El Colmado es un restaurante caribeño flanqueado por un turco, una casa de comidas griega y un chino. Todos están en Juan de Urbieta semiesquina Ciudad de Barcelona, en el populoso barrio de Pacífico, de Madrid. Pero no se me abalancen los amantes de los sabores exóticos; no hay razones para correr a conocer este 'hub' de la cocina extranjera. El turco, el griego y el chino son comedores o comederos de incierta catadura culinaria, más inclinados en apariencia a llenar la andorga de sus parroquianos por poco dinero que al sano arte de la gastronomía. Pero El Colmado sí. El Colmado sí vale la visita. Aquí se come bien. Comida genuina y sin artificio: comida honrada.
El restaurante se reputa dominicano (su dueño desde luego lo es), lo cual no es decir gran cosa dentro de la amplia gama de locales que dan de comer en Madrid. Pero viendo algunos de los ingredientes que salpican la carta (la yuca, los tostones, la leche de coco, el aguacate, la papaya, el cilantro o el arroz) ya uno se puede ir haciendo una idea sobre el aire tropical de sus platos. Colón seguramente se encontró con algunos de ellos cuando desembarcó en La Española en 1492. El ceviche también aparece en la carta, aunque quizás más como concesión a la mercadotecnia, a la vista de formidable éxito de los restaurantes peruanos en Madrid, que como expresión de la cultura culinaria de la República Dominicana.
La calidad media de los platos es notable. Hay entretenimientos sabrosos, como las arañitas de yuca o las croquetas de plátano, algunos platos correctos y sosones (los chicarrones de pollo están bien fritos pero acaban aburriendo) y luego otros de mayor profundidad culinaria, como la pintada guisada con leche de coco y arroz perfumado o el chivo macerado en ron añejo. Solo de leerlo entra hambre, ¿verdad?
Su decoración, a falta de mayores ambiciones, es por lo menos alegre. El servicio es excelente, y las ocasionales tardanzas se toleran bien a la vista de la complejidad de algunos platos. El sancocho, por ejemplo, es un guiso parecido al puchero canario que requiere una larga y lenta cocción, así como el uso de numerosos ingredientes (hasta siete tipos de carne diferentes se pueden echar al plato, aunque en El Colmado solo encontré cuatro), incluyendo la yuca, una raíz que es la base de su elaborada salsa, la batata y el ñame.
De precios, El Colmado tampoco anda mal. A algunos le parecerán excesivos si se toma en consideración la modestia del local y del barrio; otros defenderán, con igual razón, que la calidad de su oferta gastronómica es muy superior a los 25 o 30 euros por persona que puede costar la comida, aunque con los descuentos que hay en la actualidad (ay, la crisis) la factura se pueda quedar por debajo de los 20 euros,y eso sí que es una ganga.
La pena es que se aparque tan mal. En domingo es casi imposible estacionar el coche legalmente a una distancia razonable del restaurante, y es por eso por lo que la llegada al local tensa de principio la por lo demás satisfactoria experiencia.
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