streetxo-by-gastroeconomy Fotografía: Gastroeconomy
Fernando Saiz. 24 de noviembre de 2013

Restaurante StreetXo. Corte Inglés de Callao, 9ª planta. Madrid.
Factura para dos, con cerveza y dos copas de vino: 66,50 euros.
Precios. Albóndigas de vaca vieja y ancas de rana, 14,00. Gambas x gambas x gambas x gambas x gambas, 9,50. Caballa yuzu-miso, 12,00.  Dumpling pekinés, 10,50. Pollo marinado a la brasa con chiles dulces, 13,00. Sandwich club, 8,00. Tuétano y kokotxa, 7,00. Tataki de pez mantequilla a la brasa, 12,00. Cerveza, 3,00. Copa de vino de Ribeiro, 4,00.
Tras la concesión de la tercera estrella Michelín a DiverXO, tachán, tachán, parece una buena oportunidad revisitar la cocina de David Muñoz, un infante de la cocina (33 años tiene la criatura) que va camino de convertirse en un fenómeno de talla mundial. Lo que digan los circunspectos inspectores franceses, como aquel inolvidable Anton Ego de la película Ratatouille, no añade brillo a la trayectoria de DiverXO, pero sí le da reconocimiento y visibilidad a uno de los pocos restaurantes del mundo que te transportan a otra galaxia gastronómica.
Pero por mucho que me guste no quería yo hablar de DiverXO, que voces más autorizadas ya lo están haciendo. Yo quería hablar de StreetXo, que es la versión canalla, macarra y rufianesca de la cocina de David Muñoz. No se dejen engañar por el emplazamiento ultraburgués de El Corte Inglés. StreetXo es lo que su nombre indica, un puesto callejero de cocina que si hubiéramos de colocarlo en algún sitio sería en en algún suburbio de Kuala Lumpur o de Hong Kong, y desde luego muy lejos de la casa madre. Donde en DiverXO hay elegancia y sosiego, en StreetXo hay rudeza y barullo. Lo que en DiverXO son églogas renacentistas, en StreetXo son pliegos de cordel. DiverXO es erotismo; StreetXo, pornografía. Greenwich Village y el Bronx. Los Beatles y AC/DC. Pleonasmo y oxímoron. Guardiola y Mourinho.
Dejénme que les ponga en situación. StreetXo es una barra dispuesta en u, donde se apiñan, como piojos en costura, una veintena de personas, de las cuales no más de la mitad tienen privilegio de taburete. En el interior de la u, entre sartenes y hornos, se afanan sudorosos un grupito de cocineros-camareros que circulan de aquí para allá al ritmo que les marca la música rapera y el hip hop que irrefrenablemente sale de los altavoces del local. Su uniforme obligatorio consiste en camiseta, gorra, barba de seis días y tatuajes. A juego con todo ello, el servicio es poco convencional. Si tienes suerte te ponen un vaso para la cerveza, y de cubiertos ni hablamos; más te vale que aprendas a usar los palillos orientales so pena de verte abocado a la triste condición de comensal en la clase turista de una aeronave. En fin, uno de esos sitios a los que los chicos de la Michelín no se acercan ni con máscara antigás.
¿Desalentador?
Bueno, esto todavía no se ha acabado. Si consigues superar todas esas pruebas y eres capaz de soportar la espera de la comida a pie firme y con el abrigo en la mano, tus esfuerzos serán recompensados. En este garito cañero se come muy bien. Aquí sí que se ven los genes de DiverXO. Su propuesta gastronómica es, por supuesto, menos sofisticada, pero la inspiración combinativa de David Muñoz y su maestría para aplicar técnicas y productos orientales a la materia prima autóctona aparece en muchos de sus platos. Probamos cinco de ellos (un poco a mogollón, aquí no hay ni primeros ni segundos) y en todos ellos relucieron chispazos de genio del intrépido chef madrileño. La mezcla de tuétano con la kokotxa braseada o el aroma ahumado de la caballa ligeramente hecha a la llama forman parte ya de mi biblioteca sensorial. Pero el plato más asombroso fue el de las gambas a la quinta potencia, una especie de suquet de marisco ligeramente picante en el que se presentan perfectamente armonizadas cinco preparaciones distintas de gambas. De llorar.
El montante de la factura final también compensa. Los platos están entre los 7 y los 14 euros. Las raciones no son muy grandes, pero con dos o tres de ellos por cabeza se queda uno niquelao, lo cual quiere decir que se puede comer por alrededor de 30 euros, incluyendo una moderada ingesta alcohólica de acompañamiento. Eso viene a ser la tercera parte de lo que pagas por el menú más barato de Diverxo, y probablemente el nivel de satisfacción es bastante superior a ese 33%.
Mourinho también tiene su punto.

 

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Comentarios (2)
2 Domingo, 24 de Noviembre de 2013 21:32
VirZafra
Me has matado con lo de Mourinho... Me dejas con muchas ganas de probar las gambas, pero y si alguien me confunde con una Mourinhista!!!!
1 Domingo, 24 de Noviembre de 2013 20:33
Cristina
David Muñoz me parece genial y este spin off de su restaurante es una prueba de ello: el sándwich club, con ese mollete/dimsum es algo indescriptible...

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